¿Qué es investigar?
Xavier Zubiri
Majestades. Excmo. Señor Presidente del Gobierno. Excmo. Señor Ministro y Miembros del Jurado. Señores, mis queridos colaboradores y amigos todos. Estamos reunidos con motivo del Premio Santiago Ramón y Cajal a la Investigación, cuya significación ha sido ya glosada aquí. Es un premio que nos lo concede, por mediación Vuestra, la sociedad española. Y no encuentro mejor manera de expresar mi gratitud a esta concesión que comentar en dos palabras qué es esta “investigación” que tan generosamente premiáis.
¿Qué es lo que se investiga? Evidentemente
investigamos la verdad, pero no
una verdad de nuestras afirmaciones, sino
la verdad de la realidad misma. Es la verdad
por la que llamamos a lo real realidad
verdadera. Es una verdad de muchos órdenes: físico, matemático, biológico, astronómico,
mental, social, histórico, filosófico,
etc.
Pero, ¿cómo se investiga esta realidad
verdadera? La investigación de la realidad
verdadera no consiste en una mera ocupación
con ella. Ciertamente es una ocupación,
pero no es mera ocupación. Es mucho
más: es una dedicación. Investigar es
dedicarse a la realidad verdadera. Dedicar
significa mostrar algo (deik) con una fuerza
especial (de). Y tratándose de la dedicación
intelectual, esta fuerza consiste en
configurar o conformar nuestra mente
según la mostración de la realidad, y ofrecer
lo que así se nos muestra a la consideración
de los demás. Dedicación es hacer
que la realidad verdadera configure nuestras
mentes. Vivir intelectivamente según
esta configuración es aquello en que consiste
lo que se llama profesión. El investigador
profesa la realidad verdadera.
Esta profesión es algo peculiar. El que
no hace sino ocuparse de estas realidades,
no investiga: posee la realidad verdadera o
trozos diversos de ella. Pero el que se dedica
a la realidad verdadera tiene una cualidad
en cierto modo opuesta: no posee verdades,
sino que, por el contrario, está poseído
por ellas. En la investigación vamos
de la mano de la realidad verdadera, estamos
arrastrados por ella, y este arrastre
es justo el movimiento de la investigación.
Esta condición de arrastre impone a
la investigación misma unos caracteres
propios: son caracteres de la realidad que
nos arrastra.
Ante todo, todo lo real es lo que es sólo
respectivamente a otras realidades. Nada
es real si no es respecto a otras realidades.
Lo cual significa que toda cosa real
es desde sí misma constitutivamente
abierta. Sólo entendida desde otras cosas,
que habrá que buscar, habremos entendido
lo que es la cosa que queremos comprender.
Lo que así entendemos es lo que
la cosa es en la realidad. El arrastre con
que nos arrastra la realidad hace pues de
su intelección un movimiento de búsqueda.
Y como esto mismo sucede con aquellas
otras cosas desde las que entendemos
lo que queremos entender, resulta que al
estar arrastrados por la realidad nos encontramos
envueltos en un movimiento
inacabable. La investigación es inacabable
no sólo porque el hombre no puede agotar
la riqueza de la realidad, sino que es inacabable
radicalmente, a saber, porque la
realidad en cuanto tal es desde sí misma
constitutivamente abierta. Es, a mi modo
de ver, el fundamento de la célebre frase
de San Agustín: “Busquemos como buscan
los que aún no han encontrado, y encontremos
como encuentran los que aún han
de buscar”. Investigar lo que algo es en la
realidad es faena inacabable, porque lo
real mismo nunca está acabado.
Pero además de abierta, la realidad es
múltiple. Y lo es por lo menos en dos aspectos.
En primer lugar, porque hay muchas
cosas reales, cada una con sus caracteres
propios. Investigar las notas o caracteres
propios de cada orden de cosas reales es
justo lo que constituye la investigación
científica, lo que constituye las distintas
ciencias. Ciencia es investigación de lo que
las cosas son en la realidad.
Pero, en segundo lugar, lo real es múltiple, no sólo porque las cosas tienen muchas propiedades distintas, sino también por una razón a mi modo de ver más honda: porque lo que es abierto es su propio carácter de realidad. Y esto arrastra a la investigación no de las propiedades de lo real, sino a la investigación del carácter mismo de realidad. Esta investigación es un saber de tipo distinto: es justo lo que pienso que es la filosofía. Es la investigación de en qué consiste ser real. Mientras las ciencias investigan cómo son y cómo acontecen las cosas reales, la filosofía investiga qué es ser real. Ciencia y filosofía, aunque distintas, no son independientes. Es menester no olvidarlo. Toda filosofía necesita de las ciencias; toda ciencia necesita de una filosofía. Son dos momentos unitarios de la investigación. Pero como momentos no son idénticos.
Pero sea cualquiera la variedad y riqueza de estas cosas, aquello “en” lo que estamos situados con ellas es en “la” realidad. Cada cosa con que estamos nos impone una manera de estar en la realidad. Y esto es lo decisivo. Del concepto que tengamos de lo que es realidad y de sus modos, pende nuestra manera de ser persona, nuestra manera de estar entre las cosas y entre las demás personas, pende nuestra organización social y su historia. De ahí la gravedad de la investigación de lo que es ser real. Es una investigación impuesta por las cosas mismas. Lo que en las cosas reales se nos impone así, es justo su realidad. Esta fuerza de imposición es el poder de lo real: es la realidad misma como tal, y no sólo sus propiedades, lo que nos arrastra y domina. Por esto, el poder de lo real constituye la unidad intrínseca de la realidad y de la inteligencia: es justo la marcha misma de la filosofía.
Hegel pudo escribir: “Tan asombroso como un pueblo para el que se hubieran hecho inservibles su derecho político, sus convicciones, sus hábitos morales y sus virtudes, sería el espectáculo de un pueblo que hubiera perdido su metafísica”.
Finalmente, investigar qué es ser real, es una tarea muy difícil. Por eso decía Platón a un joven amigo principiante en filosofía: “Es hermoso y divino el ímpetu ardiente que te lanza a las razones de las cosas; pero ejercítate y adiéstrate mientras eres joven en estos esfuerzos filosóficos, que en apariencia para nada sirven y que el vulgo llama palabrería inútil; de lo contrario, la verdad se te escapará de entre las manos”. Platón se dedicó a este esfuerzo durante toda su larga vida. Algunas veces se sentía desanimado. En cierta ocasión escribió apeireka ta onta skopon, “quedé desfallecido escudriñando la realidad”. [Una de las personas que mejor comprende esta distinción y unidad de ciencia y filosofía es mi admirado y querido amigo Severo Ochoa. Por esto, y por nuestra vieja amistad, su compañía en esta ocasión es para mí un momento esencial de este premio].
*
Al referirnos a la investigación, vosotros
habéis pensado también en la filosofía.
Es la primera vez que esto ocurre. Y
yo, y conmigo todos los denodados cultivadores
de la filosofía, nos sentimos con
ello muy legítimamente honrados y satisfechos.
Gracias en nuestro nombre.
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